Te toco,
en las palabras
que te escribo
lentamente,
poco a poco.
Te siento
en la fatiga
y el aliento,
en la soledad
y el sufrimiento.
En los momentos
frágiles y el irónico
tormento.
Te añoro
con pasión
desenfrenada
haciendo añicos
el corazón
con su sangre
derramada.
Te espero
como la niebla
de la mañana
en el cristal
de la venta,
como gota
de lluvia
que resbala
y busca el abrigo
de tu calma.
Te admiro,
por la fuerza
de tu mirada
por sostener
la vida
que pende
de la nada.
Desorientada
sujeta por un hilo
al latido
de tus entrañas.
Te amo.
Te amo tanto
como se ama
lo perdido,
lo inalcanzable.
O el tiempo
que se ha ido
irrecuperable.
Te amo
como se ama
la tortura
de lo deseado
o el trágico poema
inacabado.
Como los sueños
aman la almohada
y los besos
la despedida
prolongada.
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