Antes de exponer mi poesía quisiera haceros participes a todos los que nos siguen de que aproximadamente por estas fechas, exactamente el 27 de enero publicamos nuestro blog. Comenzamos esta pequeña aventura que además quisimos compartir con todas aquellas personas que así lo quisieran. Ha sido un año muy gratificante en el que hasta ahora se han fotografiado y escrito sobre bastantes y diversos temas. Y donde además hemos tenido el placer a través de este proyecto de conocer a otros participantes que han aportado vitalidad a este proyecto. Gracias a todos.
Parece mentira pero ya ha pasado un año.Y continuamos con el mismo entusiasmo del principio.
Bueno gratificante reto que me trasladó sin duda a mi infancia cuando en mi calle Santiago junto con mis amigos y vecinos celebrábamos la noche de San Antón, bajo el calor de la amistad y de las llamas de olivo. Preciosas fotos que reflejan totalmente la tradición con su extensa y gran explicación de esta fiesta que los Mengibareños seguimos manteniendo.
Aquí va mi homenaje a San Antón.
SAN ANTÓN
¡Viva San Antón!
¡Viva!
¡Y el que no diga viva
que se queme la barriga!
Varios niños a pleno pulmón
vitorean a San Antón
esperando la respuesta
de gargantas vecinas
que cogiendo aire contestan
un largo y profundo
¡vivaaaaa!
Es tradición en mi pueblo
prender altas hogueras
la víspera de San Antón
en el centro de sus calles
con troncos de olivo y ramón.
Al anochecer en enero
los vecinos se reúnen
niños, jóvenes y abuelos
alrededor de la lumbre.
Altas llamas trepan
al pico de las ramas
que rápidas se queman
entre humaredas blancas.
Las chispas brillantes
amarillas y coloradas
que flotan en el aire
se elevan y se apagan.
Pequeños puntos de luz
cual luciérnagas doradas
quieren subir al cielo
y tocar la luna menguada.
Despacio caerán al suelo
en cenizas o pavesas
sobre el cuerpo de la gente
en los abrigos y cabezas.
Al calor y a la luz de sus llamas
en parrillas sobre sus ascuas
todos arriman comida
chuletas, chorizos, sardinas…
Buen vino no ha de faltar
para beber y ahuyentar
la lluvia que aún no cesa
y el frío de aquellas fechas.
Mezclado con el sonido
de las ramas al arder
estallan las mazorcas
de maíz en la sartén.
Palomitas de blancas flores
las comparten y disfrutan
tanto pequeños
como mayores.
¡Viva San Antón!
¡Viva!
¡Y el que no diga viva
que se queme la barriga!
Tras el esplendor de la noche
los vecinos se recogen.
Grises tapices de cenizas
en el suelo aún mojado
reposan y agonizan.
La tarde del diecisiete
nuestro Santo Antón
rodeado de feligreses.
sale en procesión
con su trono de claveles
hasta la plaza del sol.
Repique de campanas
que no cesan de tocar
al patrón de los animales
en su corto peregrinar.
Desfilando una a una
guiadas por sus amos
las mascotas bendecidas
por el cura y por el santo
volverán a ver la imagen
con su libro y su báculo.
Como manda la tradición
en enero ,del próximo año.