miércoles, 30 de octubre de 2013

POEMA EN RESPUESTA AL RETO 31


Menudo reto esta vez,realmente difícil para mi, pues es una cultura de la cual desconozco mucho, yo creo que hay que ser de esa tierra para poder entender sus costumbres tan arraigadas y su religión tan inculcada. Tan sólo he querido hacer un recorrido por Marruecos, preciosa ciudad, y a la vez reflejar el papel tan importante que lleva el hombre y que deja a la mujer bajo su sumisión. A pesar de los tiempos que corren hay mucha desigualdad entre hombres y mujeres. Con todo mi respeto hacia los países donde la mujer lleva burka o niqab(velo negro que tapa a la mujer hasta los pies), que me parece bien y respetable siempre y cuando ellas quieran llevarlo, por el contrario no me parece justo que se discrimine a aquellas que no deseen usarlo.
 


NIQABS

 
Los turistas que pasean
con sus cámaras
al hombro.
Esperan el momento
de retratar lo mejor
de Marruecos:
Sus calles estrechas,
su luz y el intenso azul
de puertas encaladas.
De rejas bordadas
talladas en el aire.
Forja y cristales
con adornos florales
de tullidas hojas
y retorcidas ramas ,
que adornan vasos de te
y cachimbas de plata.
 
Mercados sembrados
con aroma de especias,
humo de incienso,
semillas de te
telares y alfombras.
Tintes y sedas
de labor exquisita
repique de campana
de alta mezquita.
Fuentes y patios,
azulejos pintados.
Paraísos trenzados
que adornan aceras
y paredes de barro.
 
Hombres en pantuflas
regateando.
Niños de tez morena
jugando.
Y la mujer en casa
aguardando.
con su niqab puesto
símbolo de tradición,
religión y respeto.
 
Velo negro
sosteniendo el peso
de años atrás.
Envolviendo todo
un cuerpo de mujer
y un corazón sin alas
para volar.
 
Invisible espectro
de tinte negro
y oscuro manto.
Ocultando
un cuerpo esbelto
fino y delicado.
de pelo liso, negro
o rizado.
Para deleite
del esposo.
Único en mirarlo.
  
Larga túnica que
se enredad sigilosa
cual serpiente
hasta los pies.
Pisando lapidarias
piedras,
bajo el polvo
de Marrakech.
 
Su carita mora
toda cubierta 
sin dejarse ver.
Tan sólo queda  
parte de su piel
libre al viento.
Al aire que se desliza
por una abertura
cortada y  rota,
desde la frente
hasta su boca.
Una ventanita abierta
para decir al mundo.
Que en su mirada
verde aceitunada.
Está la libertad
que la hizo esclava.
 
Ana Cuevas