jueves, 1 de agosto de 2013

POEMA DE ANA EN RESPUESTA AL RETO 23

 
La fotografía expuesta por Juana Mari, es una escena bastante usual que vemos a menudo mientras veraneamos en nuestras playas. Yo he sido testigo, desde mi hamaca y he contemplado a estas personas normalmente, inmigrantes, que se ganan la vida vendiendo todo tipo de complementos, caminando por la arena caliente de las playas. Soportando varios grados al sol. No podía  evitar ponerme en su lugar y reflexionar sobre lo injusto que a veces son las cosas. Y me sentía mal porque yo estaba tumbada al sol por puro placer disfrutando de unos días de vacaciones, mientras otros intentaban ganarse la vida en aquel entorno maravilloso sin poder disfrutar al igual que yo de él. Eso he querido contar en mi poesía, como siendo todos iguales unos son privilegiados y gozan de pequeños privilegios y otros no.
 

 DESDE MI HAMACA

 
 
Pasa entre la gente
viendo sus cabezas.
Sorteando bronceados
cuerpos tendidos al sol.
Veraneantes sin prisa,
sin nada que hacer,
sin mirar el reloj.
Disfrutando de la brisa
del agua salada y marina
que humedece la  piel
y la seca en la orilla.
 
Camina entre colores
con mirada cabizbaja
para no sentir el fuego
que castigue más su cara.
Pasa a tu lado esquivando
castillos de arena,
rastrillos, cubos y palas.
Y sus huellas
tan sólo se quedan
un segundo en la arena.
Aunque a lo lejos,
 tras de si
su larga caminata revela
agujeros de pasos grandes
que ha dejado una hilera
de pisadas rodeadas de
otras tantas
no tan profundas  
y marcadas.
 
Circula  una y otra vez
volviendo a pasar por tu lado.
Sin que te hayas percatado
del tiempo que ha pasado.
Del cansancio de sus pies,
del peso a sus espaldas,
de sus dedos agarrotados,
de la sed de su garganta.
En la comisura de su boca
una mueca de dolor
claramente se dibuja.
Regalando una sonrisa
si nota que tú,
lo buscas.
 
Veo unos ojos oscuros  y
en ellos asomar la tristeza.
Como una flecha se calvan
las pregunta sin respuesta.
Desde mi hamaca imagino
¡Qué caprichoso el destino!
Querer mejorar y abandonar
un hogar de tierra yerma
con un sol abrasador
que no deja crecer la hierba.
Y acabar en otro desierto
empapado de sudor
mientras gozan del paraíso
otra gente como yo.



En algún momento descansa
y yo desde mi hamaca
contemplo su cuerpo esbelto.
Tan delgado y tan moreno
cual príncipe de ébano,
sin cetro de oro,
ni trono o asiento.
 
Desde aquí observo
la belleza de la playa
la melodía de sus aguas
su ir y venir constante
y el crujir de las olas
de espuma brillante.
Mis hijos alegres jugando.
Yo, disfrutando del relax y
con los ojos cerrados inspirar,
saborear el merecido descanso.
Mientras noto su presencia
al pasar
y la tristeza en sus zapatos.
Abro los ojos al rato
y veo como se aleja
con su carga de subvenir
colgada en una  percha.
Cada vez  está más lejos
sólo distingo una silueta.
Su cuerpo fatigado,
y el gris de su tristeza.



Mañana volverá.
Con sus ojos doloridos
contará los granos de arena.
Hasta que la luz naranja
se apague
y aparezca la luna llena.
 
 
                         Ana cuevas
 

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