domingo, 12 de mayo de 2013

POEMA DE ANA EN RESPUESTA AL RETO 13

Cuando vi la foto de este reto, me invadió una gran sensación de tristeza, y enseguida vi el tema que a mi me inspiraba y era sin duda una despedida. Con la estación tan vacía y las pertenencias cargadas de toda una vida depositadas en el suelo, abandonadas,  porque la persona dueña de esos objetos  se marcha ya de este mundo. Para mi es una hermosa manera de describir la muerte de una persona que llegado el fin, espera silencioso en la última estación desapareciendo su cuerpo de esta vida terrenal  pero dejando el paso y la huella de su vida en una maleta.




LA ULTIMA ESTACIÓN
 


Una pregunta existencial
viaja dando vueltas
alrededor de mi cabeza.
Y en mi cerebro, madeja
retorcida de nervios
en forma piramidal.
Estrelladas neuronas
hiladas  de sangre
que  bombean y laten
en mi corteza cerebral.
Enmudecen  las respuestas
en el aire,
nadie sabe contestarme:
¿Qué hacemos aquí?
¿Para qué venimos?
¿Nacemos sólo para morir?
¿Quién nos da cuerda y
mueve los hilos?.......
 
 Se fue, se marchó para siempre.
Apenas se detuvo el tren
dejando como recuerdo
el mudo silencio en el andén,
un último aliento al desaparecer
tras el murmullo veloz, que hoy
confundido entre el paisaje
deja atrás el paso del convoy.
Se marcho sin ropajes
atuendo , zapatos ni equipaje.
Desnudo cual al nacer
con los años acumulados
de una larga o corta vida.
intensa, moderna o primitiva.
 
Se fue, dejando atrás
sus pertenencias,
quehaceres, mobiliario.
Libros  comidos y devorados
saciando el hambre por las letras.
Sus años malgastados,
sus gestos, gemidos, quejas.
Y los besos robados
de dulce inocencia.
Sus gustos y manías,
un cinturón, un sombrero
un álbum de fotografías.
El reloj, liberando el tiempo
el que ha ido consumiendo,
gastado sin remedio.
La cartera con documentos
nos delatan quien fue
el portador de tantos objetos.
Que partió de viaje un día
dejando aquí, sus recuerdos.
Se fue, tan rápido como
alcanzó subirse al último tren.
Calculando preciso los segundos
sabiendo que no va a volver.
Y al final de la estación
ojeada  ya en sueños,
transitada por otros pasajeros.
Espera el momento propicio
de desaparecer sin hacer ruido.
Sucumbiendo en la sombra
al final de las vías,
en esta póstuma estación
en el andén de la despedida
donde el destino ganó
su última partida.
 
Con que  fragilidad se sostiene la vida.
Con que simpleza la existencia.
Somos pasajeros entre rutas
y estaciones marcadas,
ya en nuestra cabeza.
Selladas en un pasaporte
o mapa donde el camino
es un guión expuesto y escrito.
Representado por uno mismo
en un mundo donde la realidad
es puro espejismo.
 
Ana Cuevas

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