Otra semana, otro reto, esta vez les toca turno a los poetas. Ya estoy deseando ver que os transmite esta imagen. El jueves que viene tendremos el poema de Ana, espero también los vuestros.
Toqué la arena y ni me lo creía. Era un día de verano de aquellos años racionados. Tu mano firme sostenía mi bata y yo temerosa, iba amarrada a tu mirada. Creo que no eran momentos fáciles, pero en mi mente sólo hayo días felices. En el portal la tormenta era continua, sin embargo bajo el tejado el sol siempre calentaba.
Toqué la arena y ni me lo creía. ¿Quién conocía la arena por aquel entonces? Si no gentes de mar o más bien pudientes. Me regalaste un instante de felicidad en el que descubrí un mundo inédito dentro de nuestro hogar tan particular.
Hoy, de nuevo, toqué la arena... y tampoco me lo creía.] Han pasado tantos años desde aquella ocasión. Ya no eres tú quién sujeta mi mano osuda y estropeada, ahora descubrí sin yo querer un mundo desconocido lejos de aquel hogar que construimos.]
No me lo tengas en cuenta, debe ser la arena que se cuela por los poros, y crea castillos y revuelve el viento... -¡Habré perdido la cordura!- le reprendo a mi memoria que en el fondo resiste su figura ante amarres nuevos.
Creo que vivo en sueños, o quizás sueño que vivo, porque de nuevo volví a sentir el amparo de tus ojos en forma de faro cuando esta tarde me agaché para tocar otra vez la arena y la eternidad de aquel momento dorado me rozó la comisura de los labios como hálito de enamorado.
Amarres
ResponderEliminarToqué la arena y ni me lo creía.
Era un día de verano de aquellos años racionados.
Tu mano firme sostenía mi bata
y yo temerosa, iba amarrada a tu mirada.
Creo que no eran momentos fáciles,
pero en mi mente sólo hayo días felices.
En el portal la tormenta era continua,
sin embargo bajo el tejado el sol siempre calentaba.
Toqué la arena y ni me lo creía.
¿Quién conocía la arena por aquel entonces?
Si no gentes de mar o más bien pudientes.
Me regalaste un instante de felicidad
en el que descubrí un mundo inédito
dentro de nuestro hogar tan particular.
Hoy, de nuevo, toqué la arena... y tampoco me lo creía.]
Han pasado tantos años desde aquella ocasión.
Ya no eres tú quién sujeta
mi mano osuda y estropeada,
ahora descubrí sin yo querer
un mundo desconocido lejos de aquel hogar que construimos.]
No me lo tengas en cuenta,
debe ser la arena que se cuela por los poros,
y crea castillos y revuelve el viento...
-¡Habré perdido la cordura!- le reprendo a mi memoria
que en el fondo resiste su figura
ante amarres nuevos.
Creo que vivo en sueños,
o quizás sueño que vivo,
porque de nuevo volví a sentir
el amparo de tus ojos en forma de faro
cuando esta tarde me agaché
para tocar otra vez la arena
y la eternidad de aquel momento dorado
me rozó la comisura de los labios
como hálito de enamorado.